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    Contaba el otro día que hemos puesto un huerto en el terreno de la casa. Begoña nos indicó el mejor lugar: el mismo en que su padre había tenido el suyo tiempo atrás. Gara y un par de colegas vinieron a asesorarnos al principio; a enseñarnos a cavar los bancales, elegir los cultivos y preparar las semillas correctamente. Ahora están en un pueblo perdido de Guadalajara, el mismo en el que vive ese anciano que protagonizó el famoso anuncio de "¿Y Franco qué opina de todo esto?". Quieren poner en marcha allí un proyecto comunal; ser capaces de salir adelante con lo que les dé la tierra y quizá algo de ganado también. Antes todo el mundo huía de los pueblos, en el imaginario colectivo representaban la miseria y el atraso, aunque empieza a detectarse un movimiento de migración inversa hacia entornos rurales, todavía sin mucha inversión pero con las ideas bastante claras. Al ritmo que estamos devorando el planeta es muy posible que en cuestión de no muchos años tengamos que vol

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    Pues sí, yo también me he vacunado. Con la Pifier esa; me puse la primera dosis el día 7, San Fermín, y tendré que bajar el 28 a que me inyecten la segunda. Fui al Clínico de Moncloa, aunque si llego a saber que también reciben en El Corte Inglés, Iberia, Santa Lucía, Banco de Santander, Acciona y etc. me habría pasado un día entero tratando de decidir el lugar más cool para que me inocoolasen. "¿Me la pueden poner Victorio & Lucchino...?". "No, los chinos no, que no son de fiar...".     Bajé bastante tranquilo, la verdad. Después de todo de joven consumí una cantidad estimable de drogas de todo pelaje, y pensé que en el peor de los casos tendría una muerte curiosa, paradójica, de esas que dan que pensar... Y si como se rumorea me han introducido un microchí para controlarme pues bienvenido sea; ese trabajo que me ahorro. El autocontrol es un coñazo, seamos sinceros, a mí me cuesta una barbaridad a veces, y si además de dejarte la mente plana hacen lo mismo

81.

    Muchos tertulianos dirán que envidio la riqueza de Florentino Pérez, aunque lo que envidio si acaso es su manera de insultar. Es verdad que no puedes competir con los precios del poderoso, pero con los desprecios menos todavía, porque tienen una forma de sentirse superiores, incluso a los deportistas de primera división, que roza lo sobrenatural.     Los cagamentos y blasfemias del pobre rezuman impotencia. Son la incontinencia y la frustración violenta del avasallado, la rabia suburbial ante una vida que casi siempre se les muestra desfavorable y dolorosa. Pero el antipático de élite, el faltoso sin motivos para serlo, está hecho de otra pasta, por lo general de mucha, y además de la lógica repulsión también despierta en nosotros a veces fantasías perversas, como la de entrar en un consejo de administración lleno de ejecutivos engreídos  y ponernos farrucos con ellos con sombrero cordobés y todo, sólo porque podemos. "Eres un puto tolili, Sáenz de Formentosa y las Higueruelas

80.

    Nuestros gatos, Poe y Soliña (que es gallega, pontevedresa) están descubriendo todo un mundo. Con la mudanza han pasado de ser gatos urbanos a vivir en la sierra, y aunque al principio estaban un poco apabullados con el entorno ahora ya se pasan horas en el exterior. Incluso han hecho un colega: Cheroqui, el gato de nuestra vecina Monse, que es medio campero y les hace de cicerone. A veces un poco más de la cuenta, eso sí, porque no hace mucho subía al pueblo a hacer la compra y me encontré a Soliña con él como a un metro de la carretera, observando con curiosidad aquella especie de río petrificado con sus gigantescos cetáceos circulando a toda hostia. "A casa, Soliña, que esto es peligroso". "Vaite a merda, parvo... Déixame ver a mariña tranquila...". "Te he dicho mil veces que soy Pablo, no parvo...". "Ya, sí... Pero non me toques, ¿eh?... ¡Non me toques que te rabuño!".         Poe tiene un toque de Lou Reed y no resulta tan chocante verlo

79.

    Se habla estos días de los policías municipales que le pidieron bruscamente "los papeles" a Antonio López mientras pintaba en la Puerta del Sol. Bueno, al precio al que cotiza su obra yo le habría pedido mejor los lienzos. Antonio López es uno de los artistas más celebres de este país, capaz de retratar desde un viejo retrete a Álvarez Cascos con idéntico espíritu, y al margen de su fama, o incluso considerando los conflictos habituales/históricos entre autores y autoridades, sorprende que con esta nueva ola de libertad en la capital (o en el capital más bien, que ese es el truco) puedas tomarte desde una caña cañí a un café con leche relajante, que me figuro que será el descafeinado, aunque no pintar tranquilamente en la calle sin resultar sospechoso.     De hecho, tengo para mí que en casi todas las dictaduras puede uno consumir bebidas en las terrazas de los bares. No es eso lo que suelen prohibir. Las paranoias totalitarias van en otras direcciones, y achantar con señ

78.

    El otro día fuimos a caminar por Las Dehesas, en Fuenfría. Primero por la calzada romana y luego por la borbónica, cuyas calzadas son históricas también. Es un lugar muy empinado y lleno de pinos, de unos pinos imponentes como sacerdotes de varios metros. Ana dice que los gatos son pequeños budas, y siguiendo esa lógica supongo que los árboles también, pero enormes. De hecho, sin ser ni de lejos un experto tengo entendido que Siddhartha alcanzó la iluminación sentándose a meditar bajo una higuera, una ficus religiosa. Y al precio que está la energía últimamente alcanzar la iluminación así de gratis, sin necesidad de manipular los contadores, no es ninguna broma. Claro que los árboles son criaturas que enredan de manera misteriosa con la luz, que le dan texturas insuperables al fundirse con ella. Son el vello erizado del horizonte, su sello inconfundible y su mejor estampa.     Ayer empecé "El árbol", un libro precioso de John Fowles. Un breve (104 páginas) ensayo autobiog

77.

    Hace unos años me dio por releer el Cantar del Cid. Ya me lo había tragado en el instituto, y me lo volví a tragar otra vez. Recuerdo un episodio en especial: don Rodrigo ya había tomado Valencia y doña Jimena aparecía por allí para deleitarse con el mogollón de huertos y muertos, con toda la hermosura y riquezas que su señor había conquistado - decía Ortega y Gasset que nada que dure siete siglos se puede llamar "reconquista".     Por supuesto las tierras eran para Alfonso VI, que de no ser tan español y viril el Cid hasta podrían escamarnos tantos regalos y devoción a ese hombre. "Toma, mi rey...". Rafa explica detalladamente todo esto en la primera parte de su "Manual de literatura para caníbales", un libro maravilloso, así que no ahondaré más en el tema aquí y sólo diré que doña Jimena no parecía haberse dado cuenta todavía de la obsesión de su marido con Alfonso y contemplaba el paisaje mediterráneo como hipnotizada en aquella escena. El autor lo